jueves 26 de febrero de 2009

Alfred Jarry: Patafísico




Alfred Jarry

Los Minutos de Arena Memorial

- 1894 -



LA REGULARIDAD DE LA URNA


II


Presos

en el agua serena de granito gris

navegamos sobre la laguna doliente.

Nuestra góndola y sus luces de oro

lenta

duerme.

Dosel

de un cielo de ceniza finlandesa

adonde van a perderse lejos de las lúgubres orillas

aún no oscurecidas, pálidos fanales

nuestros

cirios.

Nave

cuya proa cae netamente a pique,

abate tus mástiles, tus velas, oscuras tramas;

deslízate sobre las olas marchitables

sin

remos.

Después

en el aire frío como el fondo de un pozo

el órgano nos arrullará con la guata de su fanfarria.

La vidriera, escudo, nos mostrará

su

faro.

Claro,

el vuelo de un alma flota en el aire:

cuerpos aéreos transparentes, blancas túnicas,

inquietantes miradas arrojadas

por las

esfinges.

Y

acribillándolo con un juego de tejo,

finos discos, brillad en el tejado gris de los limbos

lúgubres y de recuerdos difuntos,

azules

nimbos.

La

góndola espectro que hala

la muerte bajo los puentes de piedra en ojiva

iluminando su borda bordada

de-

riva.

Puestos

todos de pie en el fondo, dormidos,

elevamos nuestros ojos muertos a los arquitrabes

desde donde las campanas nos vierten sus

llantos

graves.





CANGREJO CORIFEO EN EL ACUARIUM

SUPERIOR



La voluta

De los encadenamientos

Se exhala como humo y huye lejos de los siete agujeros de mi flauta.

Oro rizado de los ocelados búhos, naciones

De las solitarias salsas meditando sobre los troncos

De los olmos deformes y el cobre lunar de las piedras,

En mi aliento formáis los címbalos de vuestros párpados

Y las baquetas para los dedos de la noche con el oro de vuestros ojos de bocachas.

Duplicada

En el horizonte la visión confusa

De las flexibles cortinas dan salida a las alas de los búhos.

Címbalos

Para los agujeros o los clavos de los dedos de gloria,

Las bocachas de sus ojos sobre nosotros

En el oro ocelado de su cabeza de copón.

Ocelará el búho

Su cornamusa

Con los abanicos de lágrimas doradas de su cuello.

La sueca guata en sus dedos lucha y cierra

Los poliedros de las órbitas de mi flauta.

La voluta

Del cuello del búho

Tamiza

El enjambre

Con la criba de las centellas

De los ojos nictálopes de sus alas

Torpes y ruidosas de desgraciados asesinos.

Ocelará el búho

Su cornamusa

Con los abanicos de lágrimas doradas de su cuello.

Ocelará el búho

Su cornamusa

Con las volutas

De los poliedros de las órbitas de mi flauta.





César-Anticristo

-1895-



RUIDO SUBTERRÁNEO



Magullando las glotis y las laringes de la quijada sin palacio

Rápido imprime el impresor.

Los cequíes tiemblan en los ejes de las ruedas del molino de viento,

Las hojas van a lo largo de los provocadores al viento.

La quijada del cráneo sin cerebro digiere el cerebro extranjero

El domingo sobre un túmulo al son de los pífanos y los tamboriles,

O los días extraordinarios en los sótanos de los palacios sin fin.

Desplegando y explicando, descerebrador,

Rápido imprime, imprime, el impresor.





Gestos y Opiniones del Doctor Faustroll, Patafísico

-1898-



DEL PEQUEÑO NÚMERO DE ELEGIDOS



A través del espacio laminado de los veintisiete pares,

Faustroll evocó hacia la tercera dimensión:

De Baudelaire, el Silencio de Edgar Poe, al tener la precaución de retraducir al griego la traducción de Baudelaire.

De Bergerac, el árbol precioso en el que se metamorfearon, en el país del sol, el rey ruiseñor y sus asuntos.

De Lucas, el calumniador que lleve a Cristo hacia un lugar elevado.

De Bloy, los negros cerdos de la Muerte, cortejo de la Novia.

De Coleridge, la ballesta del viejo marino y el esqueleto flotantes del barco, que, depositado en el as, fue criba sobre criba.

De Darien, las coronas de diamantes de las perforadoras del San Gotardo.

De Desbordes-Valmore, el pato que depositó el leñador a los pies de los niños y los cincuenta y tres árboles marcados en la cabeza.

De Elskamp, las liebres que, corriendo sobre las sábanas, se convirtieron en manos redondas y llevaron el universo esférico como un fruto.

De Florian, el billete de lotería de Scapin.

De las Mil y una Noches, el ojo saltado por la cola del caballo volador del tercer Kalender, hijo del rey.

De Grabbe, los trece compañeros sastres que mató, al alba, el barón Tual por orden del caballero de la orden pontifical del Mérito Civil y la servilleta que se anudó previamente alrededor del cuello.

De Kahn, uno de los sellos de oro de las celestes orfebrerías.

De Lautréamont, el escarabajo, hermoso como el temblor de las manos en el alcoholismo, que desaparecía en el horizonte.

De Maeterlinck, las luces que oyó la primera hermana ciega.

De Mallarmé, el virgen, el vivaz y el hermoso hoy.

De Mendès, el viento del norte que, soplando sobre el verde mar, mezclaba a su sal el sudor del galeote que remó hasta los ciento veinte años.

De la Odisea, la marcha alegre del irreprochable hijo de Peleas por la pradera de asfodelos.

De Péladan, el reflejo, en el espejo del escudo estañado por la ceniza de los antepasados, de la sacrílega matanza de los siete planetas.

De Rabelais, los cascabeles con los que danzaron los diablos durante la tempestad.

De Rachilde, Cleopatra.

De Régnier, la llanura ahumada en donde el centauro moderno estornudó.

De Rimbaud, los carámbanos arrojados por el viento de Dios a los charcos.

De Schwob, los animales escamosos que imitaba la blancura de las manos del leproso.

De Ubu Rey, la quinta letra de la primera palabra del primer acto.

De Verhaeren, la cruz hecha por la pala en las cuatro fuentes de los horizontes.

De Verlaine, las voces asíntotas a la muerte.

De Verne, las dos leguas y media de corteza terrestre.

Sin embargo, René-Isidore Panmuphle, alguacil, comenzaba a leer el manuscrito de Faustroll en medio de una oscuridad profunda, evocando la tinta trasparente de sulfato de quinina para los invisibles rayos infrarrojos de un espectro encerrado en cuanto a sus otros colores en una caja opaca; hasta que fue interrumpido por la prensentación del tercer viajero.





LA LANGOSTA Y LA LATA DE CORNED-BEEF QUE LLEVABA EL DOCTOR FAUSTROLL EN BANDOLERA



FÁBULA


A A.-F. Hérod.


Una lata de corned-beef, colgada como unos gemelos,

Vio pasar a una langosta que se le parecía fraternalmente.

Iba ésta acorazada de un duro caparazón

Sobre el cual estaba escrito que el interior, como la lata, carecía de espinas,

(Boneless and economical);

Y bajo la cola replegada

Probablemente ocultaba una llave para abrirla.

Enamorado de repente, el corned-beef sedentario

Declaró a la pequeña lata de conserva viva automóvil

Que si consentía en aclimatarse

Cerca de él, en los terrestres escaparates,

Sería condecorada con muchas medallas de oro.



Ubu en la Colina

-1906-



FRANCIA REÚNE PARA NOSOTROS TODOS LOS ATRACTIVOS



Francia reúne para nosotros todos los atractivos:

Hace calor en verano, en invierno hace fresco,

Las instituciones están expuestas en escaparates:

Se prohíbe tocar al clero, a la marina,

Al centro inmaculado de los guardianes de la paz,

A la penosa tarea de los burócratas ocupados.

La experiencia de mi garrote hace que me decida

A creer que en efecto todo esto no es tan sólido

Y que no sabríamos demasiado poner entre algodones

A las finanzas, a la magistratura y al ejército,

Frágiles bibelots que hacen polvo mi bastón.

La edad de oro aún brilla, más dorada que natural:

Un perspicaz sufragio nombra a los diputados

Cuyos programas son en todo momento ejecutados;

Y como si el Padre Ubu lo hubiera construido

El carro del estado tiene el mismo sistema.

Francia es el país de las letras y de las artes:

El número de éstas se eleva hasta «cuatro»:

También se llama el país de las 4 – z Artes,

Un antiguo cabaret muy célebre en Montmartre.



lunes 9 de febrero de 2009

poème







bate un pájaro las alas

y basta para que el cielo caiga

en cuenta de su negación.



el sol

es un millón de alacranes

girando

hasta ennegrecer.



este hueco profundo

soy yo

el fondo

no se ve.



si alguien huele

la lluvia

que avise.






miércoles 10 de diciembre de 2008

Las Brigadas de Choque de la Poesía






A los 100 años de su nacimiento, es inevitable recordar quizás al más importante poeta nacido en Buenos Aires, Raúl González Tuñón. Como sucede con los artistas verdaderos, la cultura dominante se encuentra, a la hora de las efemérides ineludibles, con el singular problema de homenajear, también, el programa político que explica su trascendencia. Por eso es que este años todos los órganos de la cultura oficial recordaron a Tuñón con el insultante eufemismo de artista “comprometido con lo social”. Adjetivo insuficiente para describir a este poeta, miembro de la primer época de la revista Martín Fierro (que junto a Borges, Marechal, Franco y Girondo en los años ´20 renovó estéticamente la literatura argentina moderna), paralelamente colaborador del grupo Boedo (junto a su hermano Enrique y los escritores Mariani, Castelnuovo, Barletta, Yunque y Arlt) y, finalmente, militante activo del Partido Comunista de la Argentina, cuya representación lo colocó en las trincheras de la Revolución española del ´36, donde escribió sus mejores páginas.

Los pocos intentos por recordarlo desde posiciones revolucionarias chocaron con un stalinismo del que no abdicó nunca y que no puede dejar de recordarse. Un verdadero revolucionario no puede dejar de indignarse con sus loas a los asesinos de Trotsky en 1940 o con su participación en la experiencia española, donde el principal dirigente de su partido, Victorio Codovilla, colaboró en la liquidación de combatientes anarquistas y del Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM).

Sin embargo, cabe recordar que, antes del triunfo del frente popular del stalinismo, Tuñón, abandonando su esteticismo bohemio, vanguardista, del martinfierrismo, fundó la revista Contra. En ella publicó en 1933 “Las Brigadas de Choque”. Por este poema el gobierno de Justo lo detuvo y condenó a dos años de prisión, que no cumplió gracias al exilio en España y una campaña de solidaridad internacional. Llegó a ser objeto de debate en el Congreso Nacional, cuyos diputados conservadores lo leían en voz alta para causar el estremecimiento de las “buenas conciencias”. Éste Tuñón, el piquetero, es el que nos gusta.

(Comentario extraído del periódico El Aromo, diciembre 2005)





Las Brigadas de Choque

¿No ha de haber un espíritu valiente?

¿Siempre se ha de sentir lo que se dice?

¿Nunca se ha de decir lo que se siente?

Quevedo.


I

Primero fue la toma de la tierra por la hembra y por el varón.

Después vino la tristeza de la civilización.

Primero fue el campo libre, el cielo libre, la libre unión.

Después las malas leyes del hombre que hicieron las malas leyes de dios.

Hoy, como el cura loco de Kent, me pregunto yo:

- “Cuando Eva hilaba y Adán araba ¿quién era el amo?”


II

No pretendo realizar tan sólo el poema político.

No pretendo que mis camaradas sigan por ese camino.

Que cada cual cultive en su intimidad el dios que quiera.

Pero reclamo de cada una la actitud revolucionaria frente a la vida,

pero reclamo el puño cerrado frente a la burguesía.

He reconquistado el fervor y tengo algo que decir:

se llama brigadas de choque a las vanguardias lúcidas de los obreros
especializados

en la URSS, nombre caro a nuestro espíritu.

Formemos nosotros, cerca ya del Alba motinera,

las Brigadas de Choque de la Poesía.

Demos a la dialéctica materialista el vuelo lírico de nuestra fantasía.

¡Especialicémonos en el romanticismo de la Revolución!


III

Mi voz para cantar y para gritar mi voz,

mi voz para degollarse en las veletas enloquecidas.

Mi voz para aullar, mi voz para subir –única, digna enredadera-

y asustar a los burgueses desprevenidos por la boca de los albañiles.

Mi voz para decir el antipoema

en la esquina de las fábricas,

a la salida de las costureras,

en las puertas falsas de los teatros,

en los fondos de los talleres,

en las poternas de la civilización burguesa,

el gran castillo vacilante.

Los Movierones ahogan también rugidos, ladridos

-ocultan las manifestaciones apaleadas

-los nazis violando a las hijas de los judíos

-los policemen atajando la marcha de los tejedores

-la Generalidad cargando sobre los sindicalistas

-la gendarmería rodeando de cinturones de fuego a los

socios del John Reed Club

y los gases lacrimógenos de la policía de Buenos Aires

disolviendo los mitines en los portones

de los frigoríficos extranjeros.

¿Y Nicolás Repetto? –Bien, gracias.

¿Y José Nicolás Matienzo? –Cuidando la Constitución,

como si la Constitución fuera una hembra.

Si, la Constitución se halla en estado de descomposición

y nosotros, únicamente nosotros, los comunistas,

legítimamente nos reímos de esa Constitución burguesa

y de la democracia burguesa.

Pero no de la democracia que proclamamos,

porque nosotros queremos la dictadura

pero la dictadura que asegure la verdadera libertad de mañana.



IV

Nosotros contra la democracia burguesa

Contra

Contra la demagogia burguesa

contra la pedagogía burguesa

contra la academia burguesa

contra

contra

contra el fascismo, superexpresión

del capitalismo desesperado.

Contra la masturbación poética,

contra los famosos salvadores de América

-Palacios, Vasconcellos, Haya de la Torre-

contra

contra

contra las ligas patrióticas y las inútiles

sociedades de autores, escritores, envenenadores.

Contra los que pintan cuadros para los burgueses.

Contra los que escriben libros para los burgueses.

Contra

Contra

Contra las putas espías de Orden Político.


V

Contra los social fascistas tipo Federico Pinedo.

contra el radicalismo embaucador de masas

-fuente de fascismo-,

dopado por el incienso de vagas palabras.

¡Ellos! Los metralleros de Santa Cruz.

Contra

Contra

Nosotros contra la moral tipo La Prensa

-el elefante enfermo de la Avenida de Mayo-

y el largo bostezo de sus editoriales.

Contra las sedicentes obras de tesis.

Contra la teosofía, onanismo del espíritu.

Contra el anarquismo sensiblero y claudicador.

Contra el clericalismo.

Contra

contra

contra el criollismo a ultranza y sin matices,

contra el folklore pueril y falso,

contra el francisismo servil,

contra las visitas tipo Keyserling, Morand, Ortega.

Contra

contra los becados

contra los niños prodigios del confusionismo canalla

de South America.


VI

¡Contemos a los niños la historia de Lenin!

Contra la vedette,

contra los mesías y los supuestos héroes

y toda la roña burguesa

-agiotistas

-rentistas

-especuladores

-caudillos

-plumíferos

-gendarmes

-jueces

-abogados

-intelectuales

La muerte del obrero Hevia pasó inadvertida para vosotros.

Ni siquiera entregasteis el cadáver mutilado a la familia.

Un centenar de policías siguió al coche que llevaba la caja de pino.

¡Os ofrecemos nuestros cadáveres!

Sobre nuestros cadáveres los camaradas de mañana construirán la nueva Argentina en el alba motinera de obreros, soldados, marineros,
campesinos, poetas y artistas.

¡Os regalamos todo!

¡No leáis nuestros libros!

¡Al carajo con vuestra comprensión y vuestra generosidad!

Nosotros estamos de vuelta al pueblo,

ávidos de dialéctica materialista.

En una sociedad sin clases será posible el sueño,

lo abstracto, la intimidad con lo inverosímil y lo inventado,

con dios y con los otros mundos...

Nosotros estamos de vuelta al pueblo

y oímos las detonaciones que mañana

estremecerán las paredes.

¡Guerra a la clase dominante!

Dictadura para asegurar la libertad,

el trabajo liberador,

la máquina redimida,

la comodidad,

la dignidad,

el club,

la libre unión de los enamorados

y el arte puro de una sociedad sin clases.


VII

Otros amigos tomaron otros rumbos.

El tiempo espera.

Todo yo soy actitudes pero ningún orgullo me maltrata

y tengo algo de muchedumbre cuando canto

y cuando grito.

Voy a meterme en las grandes mareas de los cines

y las fábricas y los subterráneos.

Lamento no haber sido lo que se dice

un “subversivo auténtico”.

Lamento no haber perdido tantos años

en los periódicos

aunque le agradezco los aviones, los barcos y los trenes que me dieron.

Vuelvo a la vida que me reconoce,

el hambre y el sueño son mis viejos amigos.

A devorar los libros afiebrados

en las vigilias del invierno

y por las mañanas

a recorrer los parques y las plazas

y contar las chimeneas

y llenarme del vasto olor del pueblo,

del vasto rumor del pueblo.

Una columna de pueblo viene hacia mí:

llevan carteles alusivos y cantan La Internacional.

¡Arriba los pobres del mundo,

de pie los esclavos sin pan!

El viejo canto me reconoce

y yo voy con mis hermanos.

Son las 3 de la tarde de un 1° de Mayo,

hoy cumple años nuestro viejo dolor.

No, hoy no es un día de fiesta,

pero hemos aprendido a cantar,

y después de los cantos vendrán las balas.


VIII

Ésta es la canción del Plan de los Cinco Años.

Lenin lo dejó trazado junto a su gorra oscura

y su tabaquera.

El lienzo rojo de su memoria.

Desde octubre de 1928 comenzó a extenderse a las campanas

de la inmensa Rusia,

saliendo de las grandes ciudades en donde ya existía generosa

un nivel de dolor y de cultura.

Expropiando las posesiones de los ricos agricultores

y repartiendo entre todos la veterana tierra

y recogiendo los frutos para todos.

Era el primer gran paso hacia la conquista

del comunismo de Lenin.

Después nos ocuparemos de dios.

Ahora nos interesa combatir su política.

(Este no es un poema, es casi una experiencia)

Las colonias agrícolas comunistas reemplazan a los grandes

y a los pequeños feudos burgueses.

Ya no hay que levantar catedrales,

mucho fervor gastado.

Ahora hay que levantar usinas,

mucho fervor por gastar.

¡Abajo la inteligencia burguesa!

Es tiempo de ocuparse del hombre.

Nicolás Lenin ha muerto y su herencia es el Volga.

Y el Kara

el Duina

el Onega

el Péchora

el Vístula

el Ural

el Don.

Una herencia de ríos.

Nicolás Lenin ha muerto y su herencia es el Cáucaso.

Y los Urales

las mesetas del Valdai

las colinas del Volga.

Nicolás Lenin ha muerto y su herencia es el cobre.

Y el hierro

la hulla

el petróleo

el oro.

Pero sobre todo su herencia es la tierra,

humana, tierna, fecunda.

Nuestro nacimiento, nuestra vida,

nuestra sepultura,

nuestra resurrección.

He aquí la Canción del Plan de los Cinco Años.



IX

Devoraba las noticias del día con el sándwich de milanesa:

Las consecuencias del temblor que duró treinta segundos

son funestas para una vasta región.

Durante la noche pareció estacionario

el nivel de las aguas del Sena.

400 obreros sepultados en un túnel.

Las viudas lloran en la boca del día.

Casas, puentes vías férreas, desaparecieron a causa del terremoto.

Se asegura que Blucher es un militar organizador de gran estilo.

Queremos la repartición de la tierra,

desconocemos la propiedad privada y la ley de herencia

y desde ahora todo aquel que no trabaje no comerá.

Los agentes secretos de seis potencias burguesas

se han arrojado al río Moscowa.

Un día existieron Cartago y Babilonia

y un día fue poderoso el Egipto.

Los mercaderes venecianos llegaban hasta Persia

y los persas atravesaban los canales.

Los fenicios navegaban trocando estatuillas de barro

por montones de trigo.

¡Los desacreditados fenicios que llevaron a Grecia

la preocupación del arte!

Catón repitió veinte veces en roma: ¡Destruid Cartago!

Tenemos que destruir. El grito se repite en la historia.

Pero los camaradas de Moscú han abierto otro camino

y la historia se desvía.

Les habían prohibido el aceite y la lámpara,

la tinta y la palabra

y ellos vencieron.

Sólo es bello el horizonte cuando recorta miles de camisas obreras.

Existen Buenos Aires y San Pablo y sus hombres comienzan a ver.

Yo presiento la marcha sobre Europa de un Ejército Rojo.

Pausa sobre el teatro de marionetas de Ginebra,

sobre Berlín

que engorda y envilece.

Horcas afiladas están meditando

junto a un horizonte de humo y de sangre.

Cristo signa, en la estridencia de las usinas,

a la última cruz, final e inexorable.


X

No importa que yo ame los puertos y los circos

y la dorada y alevosa flor de la aventura
y el vino y las rosas y la guerra.

Como Ernesto Psichari yo amo la guerra,

pero la guerra que trae la Revolución.

¿Sabes ya que los cuervos vuelan sobre los valles anunciando la peste?

Yo había visto algunos dibujados en los afiches de las ciudades.

Había un niño olfateando la sangre de la guerra,

de la guerra que trajo la Revolución.

- “Pour les français dans les territoires ocupees” –

colocados especialmente por la Legislación.

Los cuervos eran los alemanes.

¡Oh, amigos, y cómo es de tranquilo el vuelo de los cuervos!

¡Qué serenidad bajo la campana del cielo!

Mas cuando se acercan sus picos son horribles,

sus ojos asquerosos y sus garras tremendas.

Los socialdemócratas, los ultraclericales, los “nacionalistas”,

tienen también el vuelo de los cuervos.

Cerca de ellos hay que destrozarlos con un tiro de escopeta,

porque ellos anuncian y provocan la peste en la tierra.



XI

Hablemos de esta ciudad sucia como su río.

Aquí todo está prohibido.

A la vuelta de la esquina nos deja solos y en su cuadrilátero aburrido

prevalece la absurda confitura del Pasaje Barolo

y la mentalidad seminarista de José Luis Cantilo.

Buenos Aires no vale la pena que le cante ni siquiera versos airados.

Siempre se quedará con los Zuviría, los Capdevilla y los Obligado.

Esta ciudad me ha llamado canalla y vicioso porque quise darle color.

Porque anduve por ahí desparramando mi indudable fervor,

porque bajé la luna hasta sus calles para alumbrarlas mejor.

Porque a la compañía de las horteras prefería la de vagos y atorrantes.

Porque a veces anduve con un traje rotoso y estragué mi estómago en
el sórdido Puchero Misterioso.

Esta ciudad fustigada en sus flancos por la Legión Cívica y
el Klan Radical.

Esta ciudad de Yrigoyen y Uriburu, que nunca ha dado
un bandido perfecto ni un gran poeta.

Esta ciudad cuyos bienes apestan a escribanos públicos,

a mujeres sin capacidad de pecado.

Esta ciudad que todavía respeta un título de abogado.

Ciudad de bebedores de agua.

De donde Barret emigró con asco, en donde O´neill tuvo hambre

y sueño,

en donde Güiraldes fue escarnecido y Calou murió malogrado,

Payró incomprendido, Emillio Becher agotado y Carriego empequeñecido

y en cuya Universidad, esquina pedagógica de la vulgaridad,

se gesta una runfla de rastas y logreros y patoteros grandilocuentes

que después de llenar la Pampa de alambradas y alcahuetes.


XII

No tenemos nada, no hemos construido,

nada fue posible en este campamento podrido.

Hemos quedado solos

con un montón de versos,

angustiosos o perversos

porque la leche de Buenos Aires fue así de mala.

Sucia como su río,

agria como su alma.

El tango actual es una cobardía.

Sombrío, ronco, gangoso

- “oliendo a china en zapatilla y macho perezoso” –

Es pesimista, compasivo y trágico.

Es un ángel oscuro que pudo haber volado.

Le falta a Buenos Aires la Tercera Fundación.

La que vendrá con la Revolución.

¡Preparémonos para tirar!

Contra los museos,

las universidades,

la prensa de paquidermo,

la radiotelefonía, la academia,

el teatro y el deporte burgueses.

Preparémonos para tirar

y acertar esta vez.

Contra en la casa

contra en el mar

contra en la calle

contra en el bar

contra en la montaña.

Para abatir al imperialismo.

Por una conciencia revolucionaria.

Y aquí nosotros contra la histeria fascista,

contra el socialismo tibio,

contra la confusión Radical,

contra

contra

estar contra

sistemáticamente contra

contra

contra.

¡Yo arrojo este poema violento y quebrado

contra el rostro de la burguesía!



domingo 21 de septiembre de 2008

poemas

Los semáforos me dan su luz verde

los transeúntes todos me saludan

los pájaros forman ronda sobre

nuestro cuadrante dan vueltas

y nos impulsan

el mundo revela su fuente de luz

y la noche duerme enamorada

yo no me detengo en nuestra marcha

sin prisa sin pausa

los peces transportan el arroyo

los gallos levantan a la mañana

yo te amo

tú me amas.




* * *




Rompen las campanas

de la pequeña iglesia de oblea dulce.

Son las 3.30 p.m.

Las grises diagonales cumplen fielmente

su función pulmonar.

Para el mundo un miércoles es sólo

un miércoles.

En la fuente vacía se bañan

los niños pobres recordando algún sueño

difuso de verano

y los niños ricos pasan tristes

sentados en el asiento de atrás

desesperados. Comprenden que en algún punto

son menos libres.

Cuidado

yo nunca dije que no te estaba esperando

eso sí,

ya nunca te haré esperar.

Un policía de tránsito extorsiona

a un cartonero con una mano

y con la otra

saluda al doctor que pasea en su flamante Vectra.

¿Quién es el menos libre ahora?

Ay! este mundo donde ya no caben ni las palomas.

Y para colmo de males mi barba crece

por abrazarte. No la detendré. Tiene

las mismas razones que yo.

El sol se vuelve un estado de sitio

mientras las horas pasan como pájaros.

Rompen las campanas su media hora.

Mi oh! ser se agita sutilmente:

Eres tú.

domingo 31 de agosto de 2008

POEMA

Un domingo curioso
quisiera una fotografía tuya
quisiera un reposo interminable por un minuto
otro cielo
la misma musa porque
quién pudiera negarte es como negar
los astros el mundo ovalado
la melancolía ya de por sí
los pobres el mar
yo no me atrevería a negarte
cueste lo que cueste
eres tal mi risa mi dolor de rodilla
la bombilla del mate mi luciérnaga
mi color rojo
aunque las fotografías me den un aire de lejanía.

jueves 12 de junio de 2008

el otro CORTÁZAR


Del sentimiento
de no estar del todo
Jamais réel et toujours vrai (en un dibujo de Antonin Artaud)
Siempre seré como un niño para tantas cosas, pero uno de esos niños que desde el comienzo llevan consigo al adulto, de manera que cuando el monstruito llega verdaderamente a adulto ocurre que a su vez éste lleva consigo al niño, y nel mezzo del camin se da una coexistencia pocas veces pacífica de por lo menos dos aperturas al mundo.
Esto puede entenderse metafóricamente pero apunta en todo caso a un temperamento que no ha renunciado a la visión pueril como precio de la visión adulta, y esa yuxtaposición que hace al poeta y quizá al criminal, y también al cronopio y al humorista (cuestión de dosis diferentes, de acentuación aguda o esdrújula, de elecciones: ahora juego, ahora mato) se manifiesta en el sentimiento de no estar del todo en cualquiera de la estructuras, de las telas que arma la vida y en la que somos a la vez araña y mosca.
Mucho de lo que he escrito se ordena bajo el signo de la
excentricidad, puesto que entre vivir y escribir nunca ví una clara diferencia; si viviendo alcanzo a disimular una participación parcial en mi circunstancia, en cambio no puedo negarla en lo que escribo puesto que precisamente escribo por no estar o estar a medias. Escribo por falencia, por descolocación; y como escribo desde un intersticio, estoy siempre invitando a que otros busquen los suyos y miren por ellos el jardín donde los árboles tienen frutos que son, por supuesto, piedras preciosas. El monstruito sigue firme.
Esta especie de constante lúdica explica, si no justifica, mucho de lo que he escrito o he vivido. Se reprocha a mis novelas -ese juego al borde del balcón, ese fósforo al lado de la botella de nafta, ese revólver cargado en la mesa de luz- una busqueda intelectual de la novela misma, que sería así como un continuo comentario de la acción y muchas veces la acción de un comentario. Me aburre argumentar a posteriori que a lo largo de esa dialéctica mágica un hombre-niño está luchando por rematar el juego de su vida:
que sí, que no, que en ésta está. Porque un juego, bien mirado, ¿no es un proceso que parte de una descolocación para llegar a una colocación, a un emplazamiento -gol, jaque mate, piedra libre? ¿No es el cumplimiento de una ceremonia que marcha hacia la fijación final que la corona?
El hombre de nuestro tiempo cree fácilmente que su información filosófica e histórica lo salva del realismo ingenuo. En conferencias universitarias y en charlas de café llega a admitir que la realidad no es lo que parece, y que está siempre dispuesto a reconocer que sus sentidos lo engañan y que su inteligencia le fabrica una visión tolerable pero incompleta del mundo. Cada vez que piensa matafísicamente se siente "más triste y más sabio", pero su admisión es momentánea y excepcional mientras que el continuo de la vida lo instala de lleno en la apariencia, la concreta en torno de él, la viste de definiciones, funciones y valores. Ese hombre es un ingenuo realista más que un realista ingenuo. Basta observar su comportamiento frente a lo excepcional, lo insólito; o lo reduce a fenómeno estético o poético ("era algo realmente surrealista, te juro") o renuncia en seguida a indagar en la entrevisión que han podido darle un sueño, un acto fallido, una asociación verbal o casual fuera de lo común, una coincidencia turbadora, cualquiera de las instantáneas fracturas del continuo. Si se lo interroga, dirá que no cree del todo en la realidad cotidiana y que sólo la acepta pragmáticamente. Pero vaya si cree, es en lo único que cree. Su sentido de la vida se parece al mecanismo de su mirada. A veces tiene una efímera conciencia de que cada tantos segundos los párpados interrumpen la visión que su conciencia ha decidido entender como permanente y continua; pero casi de inmediato el pestañeo vuelve a ser inconsciente, el libro o la manzana se fijan en su obstinada apariencia. Hay como un acuerdo de caballeros entre la circunstancia y los circunstanciados: tú no me sacas de mis costumbres, y yo no te ando escarbando con un palito. Pero ahora pasa que el hombre-niño no es un caballero sino un cronopio que no entiende bien el sistema de líneas de fuga gracias a las cuales se crea una perspectiva satisfactoria de esa circunstancia, o bien, como sucede en los
collages mal resueltos, se siente en una escala diferente con respecto a la de la circunstancia, una hormiga que no cabe en un palacio o un número cuatro en el que no caben más que tres o cinco unidades. A mí esto me ocurre palpablemente, a veces soy más grande que el caballo que monto, y otros días me caigo en uno de mis zapatos y me doy un golpe terrible, sin contar el trabajo para salir, las escalas fabricadas nudo a nudo con los cordones y el terrible descubrimiento, ya en el borde, de que alguien ha guardado el zapato en un ropero y que estoy peor que Edmundo Dantés en el castillo de If porque ni siquiera hay un abate a tiro en los roperos de mi casa.
Y me gusta, y soy terriblemente feliz en mi infierno, y escribo. Vivo y escribo amenazado por esa lateralidad, por ese
paralaje verdadero, por ese estar siempre un poco más a la izquierda o más al fondo del lugar donde se debería estar para que todo cuajara satisfactoriamente en un día más de vida sin conflictos. Desde muy pequeño asumí con los dientes apretados esa condición que me dividía de mis amigos y a la vez los atraía hacia el raro, el diferente, el que metía el dedo en el ventilador. No estaba privado de felicidad; la única condición era coincidir de a ratos (el camarada, el tío excéntrico, la vieja loca) con otro que tampoco calzara de lleno en su matrícula, y desde luego no era fácil; pero pronto descubrí los gatos, en los que podía imaginar mi propia condición, y los libros donde la encontraba de lleno. En esos años hubiera podido decirme los versos quizá apócrifos de Poe:
From childhood´s hour I have not been
As others were; I have not seen
As others saw; I could not bring
My passions from a common spring -

Pero lo que para el virginiano era un estigma (luciferino, pero por ello mismo monstruoso) que lo aislaba y condenaba,

And all I loved, I loved alone

no me divorció de aquellos cuyo redondo universo sólo tangencialmente compartía. Hipócrita sutil, aptitud para todos los mimetismos, ternura que rebasaba los límites y me los disimulaba; las sorpresas y las aflicciones de la primera edad se teñían de ironía amable. Me acuerdo: a los once años presté a un camarada El secreto de Wilhelm Storitz, donde Julio Verne me proponía como siempre un comercio natural y entrañable con una realidad nada semejante a la cotidiana. Mi amigo me devolvió el libro: "No lo terminé, es demasiado fantástico". Jamás renunciaré a la sorpresa escandalizada de ese minuto. ¿Fantástica, la invisibilidad del hombre? Entonces, ¿sólo en el fútbol, en el café con leche, en las primeras confidencias sexuales podíamos encontrarnos?
Adolescente, creí como tantos que mi continuo extrañamiento era el signo anunciador del poeta, y escribí los poemas que se escriben entonces y que siempre son más fáciles de escribir que la prosa a esa altura de la vida que repite en el individuo las fases de la literatura. Con los años descubrí que si todo poeta es un extrañado, no todo extrañado es poeta en la acepción genérica del término. Entro aquí en terreno polémico, recoja el guante el que quiera. Si por poeta entendemos funcionalmente al que escribe poemas, la razón de que los escriba (no se discute la calidad) nace de que su extrañamiento como persona suscita siempre un mecanismo de
challenge and response -desafío y reacción-; así, cada vez que el poeta es sensible a su lateralidad, a su situación extrínseca en una realidad aparentemente intrínseca, reacciona poéticamente (casi diría profesionalmente, sobre todo a partir de su madurez técnica); dicho de otra manera, escribe poemas que son como ptetrificaciones de ese extrañamiento, lo que el poeta ve o siente en lugar de, o al lado de, o por debajo de, o en contra de, remitiendo este de a lo que los demás ven tal como creen que es, sin desplazamiento ni crítica interna. Dudo de que exista un solo gran poema que no haya nacido de esa extrañeza o que no la traduzca; más aún, que no la active y la potencie al sospechar que es precisamente la zona intersticial por donde cabe acceder. También el filósofo se extraña y se descoloca deliberadamente para descubrir las fisuras de lo aparencial, y su búsqueda nace igualmente de un challenge and response; en ambos casos, aunque los fines sean diferentes, hay una respuesta instrumental, una actitud técnica frente a un objeto definido.
Pero ya se ha visto que no todos los extrañados son poetas o filósofos profesionales. Casi siempre empiezan por serlo o por querer serlo, pero llega el día en que se dan cuenta de que no pueden o que no están obligados a esa
response casi fatal que es el poema o la filosofía frente al challenge del extrañamiento. Su actitud se vuelve defensiva, egoísta si se quiere puesto que se trata de preservar por sobre toda la lucidez, resistir a la solapada deformación que la cotidianeidad codificada va montando en la conciencia con la activa participación de la inteligencia razonante, los medios de información, el hedonismo, la arteriosclerosis y el matrimonio inter alia. Los humoristas, algunos anarquistas, no poco criminales y cantidad de cuentistas y novelistas se sitúan en este sector poco definible en que la descripción de extrañado no acarrea necesariamente una respuesta de orden poético. Estos poetas no profesionales sobrellevan su desplazamiento con mayor naturalidad y menor brillo, y hasta podría decirse que su noción del extrañamiento es lúdica por comparación con la respuesta lírica o trágica del poeta. Mientras éste libra siempre un combate, los extrañados a secas se integran en la excentricidad hasta un punto en que lo excepcional de esa condición, que suscita el challenge para el poeta o el filósofo, tiende a volverse condición natural del sujeto extrañado, que así lo ha querido y que por eso ha ajustado su conducta a esa aceptación paulatina. Pienso en Jarry, en un lento comercio a base de humor, de ironía, de familiaridad, que termina por inclinar la balanza del lado de las excepciones, por anular la diferencia escandalosa entre lo sólito y lo insólito, y permite el paso cotidiano, sin response concreta porque ya no hay challenge, a un plano que a falta de mejor nombre seguiremos llamando realidad pero sin que sea ya un flatus vocis o un peor es nada.

(de La Vuelta al Día en Ochenta Mundos, 1967)




El gran juego


Entiendo yo algunas figuras
pero no sé qué es la baraja,
qué anverso tiene esa medalla
cuyo reverso me dibuja.

En la otra cara de la luna
duermen los números del mapa;
juego a encontrarme en esas cartas
que ciegamente son mi suma.

De tanta alegre insensatez
nace la arena del pasaje
para el reloj de lo que amé,

pero no sé si la baraja
la mezclan el azar o el ángel,
si estoy jugando o soy las cartas.


Los amantes



¿Quién los ve andas por la ciudad
si todos están ciegos?
Ellos se toman de la mano: algo habla
entre sus dedos, lenguas dulces
lamen la húmeda palma, corren por las falanges,
y arriba está la noche llena de ojos.

Son los amantes, su isla flota a la deriva
hacia muertes de césped, hacia puertos
que se abren entre sábanas.
Todo se desordena a través de ellos,
todo encuentra su cifra escamoteada;

pero ellos ni siquiera saben
que mientras ruedan en su amarga arena
hay una pausa en la obra de la nada,
el tigre es un jardín que juega.

Amanece en los carros de basura,
empiezan a salir los ciegos,
el ministerio abre sus puertas.
Los amantes rendidos se miran y se tocan
una vez más antes de oler el día.
Ya están vestidos, ya se van por la calle.
Y es sólo entonces
cuando están muertos, cuando están vestidos,
que la ciudad los recupera hipócrita
y les impone los deberes cotidianos.



VIAJE INFINITO



para el que con su incendio te ilumina,
cósmico caracol de azul sonoro,
blanco que vibra un címbalo de oro,
último trecho de la jabalina,
la mano que te busca en la penumbra
se detiene en la tibia encrucijada
donde musgo y coral velan la entrada
y un río de luciérnagas alumbra,
sí, portulano, fuego de esmeralda,
sirte y fanal en una misma empresa
cuando la boca navegante besa
la poza más profunda de tu espalda,
suave canibalismo que devora
su presa que lo danza hacia el abismo,
oh laberinto exacto de sí mismo
donde el pavor de la delicia mora
agua para la sed del que te viaja
mientras la luz que junto al lecho vela
baja a tus muslos su húmeda gacela
y al fin la estremecida flor desgaja



CASI NADIE VA A SACARLO DE SUS CASILLAS


El caballo relincha, el perro ladra,
La suma de los ángulos de un triángulo
es igual a dos rectos,
la sopa, la conciencia, el alcaucil, después
del dos el tres, después del hoy, mañana
casi nadie lo sacará de sus casillas.
Casi nadie ni nada porque
¿Cómo tomar en serio esos latidos
en que el sueño es acceso, esas miradas
de insoportable lucidez en un tranvía,
eso que ahora dice: huye,
pero al final, al fin y al cabo, no era más
que un gajo de naranja reventado en la boca?
¿Cómo tomar en serio que una puerta
dé a la tristeza cuando el arquitecto
la abre al pasillo, que unos senos
dibujen paralelos sus jardines
cuando es la hora de ir a la oficina?
Imposible negar las evidencias
dice el doctor, y dice bien, inútil
sacar de sus casillas al honesto almanaque,
San Rulfo, Santa Tecla, San Fermín,
La Asunción,
el caballo relincha, el perro ladra,
casi nadie le ofrece en una esquina
un pedacito suelto de bicicleta o trompo,
casi nunca es verano en pleno invierno
por razones de estricta pulimentada lógica,
hay que ser lo que se es o no ser nada, y nada
lo sacara de sus casillas, nadie
lo sacará, y si un caballo ladra
no lo sabremos nunca, porque
los caballos no ladran.
Bastaría apenas un no quiero,
para empezar de otra manera el día,
hervir la radio con las papas
y a cada chico darle un cocodrilo
para que huela a miedo en las escuelas,
sacar los muertos a que tomen aire,
meter las mitras en la mayonesa,
actividades subversivas, claro,
pero otras cosas hay: fusiles
corren por las picadas, Sudamérica
crece en su selva hacia la aurora,
de tanto arroz bañado en sangre
nacerá otra manera de el hombre.
No cito más que apenas estas cosas,
saco de sus casillas a unos cuantos
que todavía creen en la poesía
encasillada en su vocabulario,
llenos de compromisos con lo abstracto.
(La suma de los ángulos de un triángulo.)
((Los caballos no ladran,))
(((Dice el doctor, y dice bien)))




POESÍA PERMUTANTE

ANTES, DESPUÉS

como los juegos al llanto

como la sombra a la columna

el perfume dibuja el jazmín

el amante precede al amor

como la caricia a la mano

el amor sobrevive al amante

pero inevitablemente

aunque no haya huella ni presagio


(de Último Round, 1969)







lunes 2 de junio de 2008

Poema

Si no sé cómo eres
nunca sabrás cómo sería
yo puedo tener frío y abrigarme
tener sed y beber un vaso de agua
pero hay un universo
mi amiga
que nos deja sin aire
por decubrirlo
urgentemente